Canelo Negro: Una alquimia de fuego, madera y espíritu

Canelo Negro: Una alquimia de fuego, madera y espíritu

Queremos invitarte a un nuevo viaje –más espiritual, más profundo y también más osado– con Canelo Negro, el tercero de nuestros Aromas Mestizos. Una experiencia cosmopolita, profundamente sudamericana, rebelde y ceremonial a la vez, concebida para quienes viajan sin mapa. Un acto espiritual, un manifiesto botánico, una forma de habitar el mundo.

Al igual que con Melinka y Arrayán Rojo, la historia de Canelo Negro se conecta profundamente con la historia de Joel Martínez, perfumista, nariz y destilador de 432, quien hace años decidió perderse entre plantas, alambiques y conocimientos ancestrales. Su exploración comenzó en la fitoterapia -la medicina hecha con plantas- y derivó naturalmente hacia los aromas: los terpenos, los aceites esenciales, los vapores secretos de la tierra.

Desde entonces, su práctica se volvió arte experimental. Destilaciones únicas, irrepetibles, nacidas de la mezcla impredecible de ingredientes, para ver qué sucede cuando se deja a la intuición guiar a la ciencia. Fue así como, junto a Francisca Fuentes, maestra destiladora del Cajón del Maipo, comenzaron un oficio que aún hoy sigue creciendo, guiado por grandes maestras como Lavo Claire y Marina Barcenilla, sostenido por la convicción de que el aprendizaje nunca se detiene.

Canelo Negro es el mestizo más audaz que Joel ha creado hasta ahora. Contiene cerca de 25 materias primas, pero hay tres que se erigen como columnas espirituales: el canelo, el tabaco mapacho y el labdano. Todas plantas de poder, con historias milenarias que hablan de protección, de visión y de transformación.

El canelo, sagrado en la cultura mapuche, está presente en una proporción extraordinaria: entre un 3% y 3.5% del líquido total de cada perfume, lo que lo convierte en su corazón espiritual. El tabaco mapacho, terroso, denso, evoca los rituales amazónicos y su uso como vínculo con lo invisible. Por su parte, el labdano, exudado por la jara pringosa del Mediterráneo, añade un dulzor ahumado y resinoso que se funde con alquitrán de cade, el guayaco del Chaco y el palo santo.

También hay flores; como todo buen fougère, contiene una lavanda francesa de alta calidad, que actúa de contrapunto cromático, atrapando el humo y devolviéndolo como color y movimiento. Y como joya aromática, aparece el carobá, árbol uruguayo destilado por el maestro Matías Abreu, que aporta una textura única, profunda, casi mineral.

Como todos nuestros mestizos, Canelo Negro no es solo un viaje aromático: es objeto y símbolo. Su tapa, esculpida a mano con varas de canelo recolectadas en lugares sagrados como Melipeuco y el Cajón del Maipo, tiene un alma viva. Dado que el corazón de la madera del canelo es poroso y blando, Matías y Joel decidieron coronarla con un tapón de ébano, proveniente de fragmentos rescatados de instrumentos musicales rotos, recolectados por artesanos y luthiers. Así nació una pieza única, donde el canelo mapuche se une con el ojo oscuro del ébano africano: un símbolo de visión, de transición.

Cada frasco incluye, además, un incienso hecho a mano por los artesanos de UMO en Pucón, con cortezas y polvo de canelo. Porque antes que el perfume, fue el humo –perfume: per fumum, a través del humo–. Porque todo ritual necesita fuego y todo fuego, un origen.

Fotografías: Fran Finat @ffinat

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